El San Juan Camagüeyano

El sexto mes del año es especial para los camagüeyanos, en junio todos salen a las calles. Tras varios preparativos, finalmente, entre los días 24 y 29 se hace la magia y la Ciudad de los Tinajones se convierte en el escenario de una gran fiesta de pueblo colmada de tradiciones: el San Juan Camagüeyano.

Orígenes del San Juan Camagüeyano

Los orígenes de la celebración del San Juan Camagüeyano están, como los de muchas otras fiestas populares en Cuba y el mundo, en las conmemoraciones religiosas del Corpus Christi del siglo XVIII. Se ubica entre las ceremonias católicas de San Juan y San Pedro, el 24 y el 29 de junio, respectivamente. Sin embargo, en Santa María del Puerto del Príncipe, como inicialmente fuera bautizada la villa por los conquistadores españoles, la tradición devino en propuesta mundana que ciñe a casi toda la población a través de variadas expresiones artísticas.

Nacido desde lo más autóctono de la cultura regional, el San Juan Camagüeyano constituye un paradigma de los valores criollos, nacionales; se mezclan congas con carrozas, desfiles de niños con ventas de juguetes y confituras, coloridos disfraces con comidas típicas, en días que ya no se alaba, como antiguamente, el cierre del ciclo de labranza, ni persiguen pedir por buenas cosechas o por la salud del ganado, sino que son una apuesta por la relajación y el regocijo de los lugareños y de vecinos de ciudades cercanas.

Si no llueve no hay San Juan

Desde los años 1725 y 1728, sobre los que se tienen noticias, el San Juan Camagüeyano se realiza frecuentemente bajo persistentes e intensas lluvias. No obstante, ni el mayor diluvio desalienta a una ciudad que festeja incansablemente. Más bien parece que el agua glorifica cada celebración.

Las 12:01 de la madrugada del 24 de junio es la hora que marca el inicio del San Juan Camagüeyano. Las actividades comienzan con la Lectura del Bando desde el Balcón del Ayuntamiento, una práctica que data de 1836, cuando la máxima autoridad en la región orientaba las normas de permisibilidad y conducta durante los festejos.

A partir de ese momento las congas rompen a recorrer las calles de la ciudad, arrollando en un trayecto inaugural que por lo general se extiende hasta la Plaza de los Trabajadores o del Gallo. Durante esos días se realizan Paseos del San Juan, desde la rotonda de Saratoga hasta la Plaza de la Caridad, y en repartos como Lenin, Previsora y Julio Antonio Mella.

Carrozas y comparsas organizadas por instituciones municipales, ocupan un lugar privilegiado y representan los diversos sectores que sostienen la vida de los habitantes de esta zona del país.

Tradiciones del San Juan Camagüeyano

La música tiene una presencia esencial en el San Juan. Numerosas agrupaciones artísticas y orquestas de la provincia y de otras partes de Cuba, amenizan las jornadas en lugares abiertos, distribuidos por distritos, en plazas como Santa Ana, El templador, San José, La Habana o en la Avenida Ignacio Agramonte, en las calles Capdevila, Padre Valencia, San Pablo, Industria, la Trocha del INRA.

Una de las tradiciones más afianzadas que se mantiene hasta la actualidad es la exhibición de rodeo, con enlace, derribo de ganado y monta de toros bravos, que siempre ha caracterizado a las fiestas ganaderas de la región. Indistintamente, a lo largo de los años también han formado parte del menú ingenioso y vivaz del San Juan los concursos para elegir la mejor conga, comparsa y carroza, el diseño de carteles, los estandartes y las farolas, escoger las vidrieras y calles mejor engalanadas.

Es común hasta nuestros días que en los barrios se elabore el ajiaco camagüeyano, un plato típico, símbolo de unidad entre los vecinos. De igual modo, las principales calles de la ciudad se repletan de puestos y quioscos para golosinas y ofertas gastronómicas variadas. Por supuesto, resultan imprescindibles la cerveza y el ron cubano.

El entierro de San Pedro

Como conclusión de la fiesta, una ceremonia ha perdurado en el tiempo. Se trata del simulacro del entierro de San Pedro en la tarde del 29 de junio. Mientras retumban los tambores, suenan las trompetas y repiquetean los cencerros, un mar de pobladores y visitantes, bañado en muchas ocasiones por la lluvia de la estación primaveral, siguen a una figura de San Pedro, acompañado de amigos y una supuesta esposa que llora desesperadamente. Pero la representación dura poco, la fiesta sigue hasta el último minuto al que se le saca provecho a la mayor celebración entre todas las que se efectúan en la otrora villa de Santa María del Puerto del Príncipe.

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