Pican, no pican los tamalitos que vende Olga

Los tamalitos de Olga es otra de las composiciones musicales que reflejan la vida misma. José Antonio Fajardo se inspiró en los tamales en Cuba y en la historia de Olga Moré Jiménez; mulata robusta que por los años 50 del pasado siglo, vivió en Cienfuegos. Fue una viuda que para mantener a su familia decidió hacer tamales para vender, con pica o sin pica. Las habilidades culinarias de Olga y su gracia en el pregón, hicieron sonado ese manjar de la cocina criolla, el tamal en hoja.

Pican, no pican los tamalitos que vende Olga… No cabe duda que sus tamales deslumbraron y que fueron la fuente de inspiración para este chachachá de Fajardo. Que la popularizó en el mundo y, como dice Olga, hasta en Nueva York, cuando fui quisieron probar mi cocina. Cuentan, además, que Oscar de León cuando estuvo en Cuba quiso visitarla y hasta, dicen, que probó uno de los deliciosos tamales de Olga

Algo de historia tamalera

Según la historia, los tamales provienen de las civilizaciones Mayas y Aztecas, que con el paso del tiempo se extendieron a América y el Caribe. Del pozole que se preparaba por aquellos tiempos, pasó a ser el tamal en las distintas recetas que consumimos hoy. Hallacas, tamales, envueltos, humitas y una serie de nombres ha recibido este sabroso alimento en diferentes áreas del continente. Su preparación varía, así como su envoltura según la región, pero la esencia sigue siendo la misma: maíz triturado y cocido con agregados que cambian a la par del sitio donde se preparen. Estos pueden ser carne de cerdo (muy común), leche de coco, queso, etc.

Tamales en Cuba

En Cuba, los tamales son hechos a base de maíz tierno, NO de harina de maíz, que utilizan muchos países latinoamericanos, por lo cual requieren un proceso más largo, pero que vale la pena, porque el resultado es único, así como el sabor de Cuba. El tamal es unos de platos emblemáticos de la cultura culinaria cubana.

Hacer tamales en Cuba es un asunto de familia. Aunque se elaboren para vender, cuentan con la participación de varios familiares o amigos, si bien uno sólo sea el vendedor. Y en caso del tamal dominguero o familiar se incluyen la mesa de dominó y la botellita para esperar la prueba. La familia…, los amigos…, parientes o arientes…, y hasta el que llega de último momento, como caído del cielo, participan en este proceso que apenas pasa de las 4 horas, si no hay que rallar o moler el grano lo que sumaría más tiempo.

En la isla las variedades están más restringidas que en otras zonas de América, solo: Tamal en hojas (de maíz y pocas en hojas de plátano); Tamal en cazuela (muy cerca de la harina normal); la Hayaca y el Tayuyo que se diferencian principalmente porque uno tiene relleno y el otro no. Y claro, está el Bakán/ Bacán o Guanimo, con masa y hojas de plátanos, muy ligado a los mambises y las Guerras de Independencias.

Para los rellenos predominan las masas de cerdo y los chicharrones, algunos con pedazo de pollo, y los marineros con pescados, siendo estos últimos los menos conocidos. Los hay picantes o no, pero casi siempre es el picante aparte para el que gusta de ello.

La fiesta del tayuyo

En un caserío de Pinar del Río, desde el siglo XIX, conocido por Montezuelo, en Mantua, hasta un festival ya tradicional, se le ha dedicado, a donde acuden los lugareños y personas de otros municipios, quienes se dan cita en la capital del tamal, al menos por un día a inicios del mes de agosto.

Una singular rivalidad es establecida por decenas de elaboradores, que exhiben su arte desde los portales de las casas, en una esquina, en el parque, en mesas, improvisadas, y constituye una gran fiesta, que incluyen ofertas recreativas para niños y guateques, que hacen de la jornada todo un suceso cultural. Sin dudas el tamal es tan criollo que se ha enraizado en la cultura culinaria del cubano y piquen o no piquen a todos nos gustan los tamalitos que vende Olga.

Escucha «Los tamalitos de Olga«

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